Septiembre 1 de 2015
Hoy es nuestro primer día y los
nervios están latentes. Con mi compañera entramos un poco tímidas y
esperamos a que la profesora nos dé la palabra con los estudiantes.
Seguidamente nos presentamos mientras
ellos nos miran y escuchan con atención. Los muchachos nos reciben bien y
en la parte de atrás nos desocupan dos sillas para que, mi compañera y
yo, nos sentemos. Luego de estar ubicadas, la profesora Janeth
empieza a hablar sobre las notas finales del periodo y los que van
perdiendo la materia. No obstante, los estudiantes siguen hablando y muy
pocos les prestan atención. Después señala que solo 3 estudiantes pasaron
la evaluación sobre “el siglo de oro” y los llama para entregarles la nota.
Mientras tanto los demás deben repasar porque la profesora les hará una
pequeña prueba de recuperación. Pero lo que menos hacen es estudiar, muchos
tienen los celulares afuera, otros venden dulces, hablan duro, etc. Cuando
inicia la recuperación la profesora Janeth se nos acerca y nos da una hoja con
la prueba que les hizo a los estudiantes; allí pregunta sobre el culteranismo,
Luis de Góngora, La fábula de Polifemo y Galatea, el
concilio de Trento, etc. Seguidamente, dice que la máxima nota de la
recuperación será 3.8. Después de 6 o 7 minutos, la profesora Janeth los hace
levantar las manos para estirar y para que no sigan
escribiendo más en la prueba.
Luego, la profesora reparte una guía
con un comentario crítico acerca de una película. El texto se titula: “No
quieren morir, pero matan” de William Ospina. Como contexto la profesora
solo menciona que el autor es “un escritor muy importante en Colombia” pero no
agrega otras obras o su opinión sobre alguna que haya leído.
Septiembre 3 y 4 de 2015 NO tenemos
clase
Septiembre 10 de 2015
Antes de empezar esta clase esperamos
que la profesora retome el texto de Ospina y compartan las percepciones y las
actividades que desarrollaron con el texto. Pero esto no sucede y el texto
queda en el olvido de los estudiantes. En este día, la profesora, como
usualmente hace, llega a tomar lista. Pero los estudiantes no están en su
sitio, hablan, etc. La actitud de ellos es, en parte, irrespetuosa, pues ella
llega a proponer una actividad sobre qué hacer para celebrar el día
del amor y la amistad, pero los muchachos hablan y no dejan oír su voz.
Otros quieren opinar, pero no faltan lo que se burlan y los achantan en
público. Después de esto la profesora recalca el mejoramiento de algunos
estudiantes en el periodo y se dispone a dejar los temas del siguiente. Entre
ellos se destaca: El romanticismo y realismo españoles (contexto, temas,
transición), la generación del 98 y generación del 27 (movimiento,
contexto, figuras, autores), la conversación (estructura y reglas),
Uso de la g y la j, y finalmente, lectura comprensiva de diversos tipos de
texto. Luego, la profesora les pide que para la próxima clase lleven el
diccionario, ante esto un estudiante, que hoy reconozco como Kevin, con tedio
dice: “mañana diccionario y sesenta preguntas”. La pregunta que
surge en mí es ¿Por qué les aburre tanto la clase? ¿Por qué no les anima
aprender?
Para finalizar esta clase breve, la
profesora también les dicta los indicadores de logro. Entre ellos
se destaca: Reconoce las partes de una conversación, lee comprensivamente
diversos tipos de texto, analiza las particularidades del romanticismo en
España, etcétera.
Septiembre 11 de 2015
Después de tomar lista, como es lo
habitual, la profesora empieza a escribir unas indicaciones en el
tablero para un quiz mientras hace una llamada por celular. Cabe señalar que
ella no les dice a los estudiantes nada sobre sacar el celular en clase. Ahora
bien, el quiz resulta ser un dictado de 30 palabras en donde se trabaja el
uso de la h. Después, la profesora Janeth escoge
a un estudiante diferente para que escriba la palabra de forma correcta en el
tablero. Mientras esto sucede algunos estudiantes se burlan de los que pasan y
escriben mal la palabra que les corresponde.
Luego, entrega una guía y los pone a
copiar la actividad “Trabaja” en el cuaderno y a desarrollarla. La
segunda parte de la guía es “Exprésate” y esta la deben entregar resuelta el
martes. Esta última actividad consiste en escribir un poema que contenga 10
palabras con h, sobre uno de los siguientes temas
como: mentirosa, agujeros negros, he pasado toda la noche sin dormir, y
secretos. El resto de la clase la profesora la deja en el trabajo del poema.
Pero la mayoría no aprovecha este momento. Veo niñas maquillándose los ojos,
otros tirándose papeles, otros dándose golpes, y más. Al finalizar, la
actividad de “trabaja” no se revisa ni se socializa.
Septiembre 15
de 2015
La profesora Janeth llega con malas
noticias sobre las notas. Afirma que del curso de décimo el 48% va perdiendo la
materia (hasta el tercer periodo), que “las lágrimas son en noviembre”; y
aclara que por inasistencia también se puede perder la materia. Mientras la
profesora habla, algunos estudiantes en la parte de atrás siguen hablando en
voz baja. Después de cobras los $6000 para el compartir de Amor y Amistad, la
profesora les pide la actividad pasada sobre escribir un poema. La mayoría no
lo trae, así que ella propone que lo hagan en clase pero ellos responden al
unísono: ¡Nooooo! Después escucho que uno de los estudiantes de atrás dice: “No
me nace escribir”. Luego de un tiempo considerable, algunos entregan el
poema, otros revisan en internet y otros le copian al compañero su trabajo.
Seguidamente, la profesora les entrega
un taller sobre “El uso de la g y la j” y se sale del salón. Cuando paso la
vista por encima noto que ninguno hace el trabajo, más bien se
desordenan, y hablan. Un grupo de niñas llama mi atención
(aproximadamente 6) que se hacen en círculo y son lo más parecido a un un centro de belleza donde peinan y maquillan
a una de ellas, entre risas y consejos por parte de las otras. Cuando
salimos de clase encontramos a la profesora Janeth resolviendo algunas
dudas de algunos compañeros nuestros de Práctica I,
Septiembre
17 de 2015
Como algo rutinario en el inicio de clase, la
profesora toma lista de todos los estudiantes.
Luego, pide silencio a los estudiantes que aún hacen ruido en la parte de atrás y acto
seguido inicia con la lectura del texto
titulado: “El oscuro viaje de la
depresión”. Mientras lo hace se pasea por el
salón sopesando la atención y la respuesta de los estudiantes ante lo
leído. Este texto está relacionado con el uso de la g y la j. Después de terminar la lectura, la profesora
les señala que la actividad a realizar
es inventar un testimonio como el de Mónica (la joven que escribió el texto).
Para lo anterior le da unas pautas como: el texto debe ir en primera persona,
quién va a ser el protagonista y porqué lo escogió, cuáles son las vivencias
que quiere relatar, qué mensaje quiere entregar, y que hagan uso de palabras
que empiecen por g y j. Después, la profesora Janeth señala con seriedad que el
texto lo recoge al finalizar la clase, a lo que todos responden con un:
¡Nooooo! esperando de seguro que esta clase se pase rápido y que no deban
escribir, pues les aburre.
Se supone que en esta
actividad los estudiantes deben estar en silencio pensando en las pautas y en el mismo texto que quieren
crear. Pero algunos siguen hablando con
el compañero del lado. La profesora nota este detalle y se levanta a revisar si
los estudiantes están en el puesto correcto. Cambia a algunos y les recuerda
que ya deben estar en el proceso de escritura. A diferencia de otros muchachos, noto que uno,
Kevin, es de los pocos sí está concentrado escribiendo. No obstante, eso no
dura mucho porque llega otro compañero (al que ya he notado copiando las
actividades de otros) y empieza a distraerlo y a leer sobre su hombro sin que
este lo note.
En la parte del frente
se levanta Sergio, uno de los primeros que termina su texto. En su cara se ve
la expectativa y emoción porque quiere que la profesora lo lea… Pero
ella lo guarda y él se va despacio para su silla. Por lo que he notado, él es
de los pocos que muestra interés porque se muestre o comparta su trabajo ante
los demás, pero parece que la profesora no lo nota o no lo toma en serio.
Vuelvo la vista a la
parte de atrás del salón y observo a dos jovencitas que están súper
entretenidas con un celular. Ninguna escribe. No les interesa escribir ni la clase. Pero, con mi compañera Daniela pensamos: ¿Por qué
son tan pocos los que muestran un mínimo interés en esta actividad que pone en
funcionamiento su creatividad, su forma de ver la vida y el proceso activo de lograr plasmarla en un papel? Esperamos que esto cambie con
los resultados de las pruebas y las entrevistas; aunque, en parte, sabemos que
aquellas solo van a confirmar lo que ya hemos notado en la observación de este curso: a la mayoría no le interesa leer ni escribir.
Al final suena el
timbre. Los chicos salen entusiasmados entre gritos y risas ante el plazo que
les da la profesora de entregar el texto durante el descanso.
Septiembre
18 de 2015 Celebración del día del
amor y la amistad.
Septiembre
22 de 2015 Izada de bandera.
Septiembre 24 de 2015
La clase inicia con la
habitual toma de lista. Seguido a esto la profesora les pide que saquen una
hoja y la marquen para un dictado. Ante la petición de la profesora, los
estudiantes que no tiene una hoja empiezan el griterío a otros compañeros para
que les regalen una. En el dictado, que la profesora hace despacio y con buena
acentuación, se encuentran palabras que
prueba la capacidad de los estudiantes en diferenciar cuando deben usas la g,
la j, y
la h. Después lo recoge porque ella lo revisará después.
Luego, les pide que
formen parejas para hacer la lectura de la guía
Romanticismo, ilustración y realismo. Allí
deben leer e interpretar lo leído. Aunque ya repartieron la fotocopia, muchos
estudiantes se encuentran haciendo otras cosas, como: rayar los pupitres,
echarse aire con la guía, hablar de programas televisivos y de
las notas del boletín. Después,
dos o tres estudiantes llegar y forman el desorden en la parte trasera del salón. Uno de ellos
pone a sonar un pequeño bafle y los otros hablan sobre el plan de ir a piscina
en esa semana. Lo que más me consterna
es que uno de los estudiantes que llegó tarde, al sonar el timbre, exclama:
“Menos mal se acabó la clase”. Es decir, no hizo nada, llegó tarde y todavía se
alegra de eso.
Septiembre 25 de 2015
En esta clase se retoma
la guía de la clase pasada. Hoy parece que el salón está más tranquilo y
silencioso debido a que faltan algunos estudiantes que no pudieron entrar a
clase porque no llevaron a su acudiente. No obstante, un grupo de cinco estudiantes, en la parte de atrás, esconden el
morral de un compañero entre risas y ruido. Uno de ellos cae en cuenta de que
mi compañera y yo los observamos fijamente y en tono de broma dice: “ellas son las que están observando, recuerda
que ellas escriben todo”.
Al final de la clase la
profesora les dice que recogerá los cuadernos para revisar que
sí han copiado la guía. Algunos le entregan hojas sueltas
pero ella no las acepta, otros empiezan a copiar a toda prisa lo que no
hicieron durante la clase. Luego, la profesora
pide dos parejas para hacer una exposición sobre la guía, pero nadie se
anima y el salón se desordena.
Septiembre 29 de 2015
La clase comienza con la toma de lista. Seguidamente,
la profesora les pide que formen las
parejas de la clase pasada y continúen con la transcripción de la fotocopia.
Una jovencita de atrás pregunta con cierta sorna: “Yo no sé para qué nos sirve
esto” y sigue transcribiendo la guía, aburrida.
Debo admitir que una clase en la que toque copiar es bastante
tranquila. No hay creación de nada. Pero
en la clase de Español debería haber algo más, de eso estoy segura.
Mientras los alumnos
“copian” la guía, la profesora anuncia que el próximo jueves se hará un
cuestionario sobre la guía y que el viernes algunos chicos expondrán lo
principal sobre esta. Ya en la parte de atrás es diferente, puesto que algunos
muchachos tienen un “negocio” de lapiceros, fomentando así el ruido y la falta
de atención de los demás compañeros. Además, la profesora les ofrece el video
beam por si lo necesitan para las exposiciones. Debo admitir que ese detalle me
gustó. Pero también me puso a pensar quiénes se animarían a pedirlo y hacer un
gran trabajo. Eso lo sabríamos después.
Como fueron pocos los
estudiantes que decidieron exponer la próxima clase, la profesora ofreció dar
una buena nota a quien se animara, y que
no era obligatorio. Ante esto algunos se animan a hacerlo.
El salón debería estar
en silencio porque la actividad de
transcribir la fotocopia no requiere
hablar. Pero aquí es todo lo contrario. Las risas y las bromas no disminuyen.
Algunos ni siquiera tienen cuaderno de
Español y por lo tanto no copian. Otros
juegan a esconderse lo útiles.
Cerca de finalizar la
clase, la profesora se nos acerca y nos
deja observar un dictado realizado a un joven de décimo. Allí
encontramos: confusión en el uso de la d y la b (“Abjuntar”, “probujimos”),
fallas en la acentuación (“recojér”,
“téjer”, “huevó”), confusión en
el uso de la j y la g (“jeneración”, “jenocidio”). Mi compañera y yo quedamos
frías ante el panorama que nos espera porque un estudiante en este grado ya
debería tener claro cómo acentuar, como diferenciar el sonido de la b, la d, la
j y la g; entre otras cosas.
Octubre 1 de 2015
Eucaristía (No hubo clase)
Octubre 2 de 2015
Hoy llegamos al salón y
vemos que algunos alumnos están paseándose por toda la institución con las carteleras de la exposición. Al entrar la
profesora les recuerda a todos el respeto que deben mostrar cuando los
expositores estén frente a ellos. Y así
da paso a los primeros expositores.
El primer grupo está
conformado por cuatro estudiantes, tres hombres y una mujer. Uno de ellos copia en el tablero:
“Ilustración, romanticismo, realismo”. El primero en hablar lo hace de una
forma segura. Señala que va a leer un fragmento y luego explicará lo leído;
cabe resaltar que hace uso de conectores
en su explicación. La siguiente en pasar
era la única mujer del grupo, pero de forma irrespetuosa le hizo saber a la
profesora que ella no iba pasar porque estaba enferma, y aunque los compañeros
le pidieron que pasara, ella se negó. El
tercero se limita a leer lo que tiene en el cuaderno y en ningún momento mira
al auditorio. Y el último estudiante, también lee todo pero mira más al público
que el anterior.
La profesora hace su
apreciación cuando se acaba la exposición. Ella señala que se notó la falta de
compromiso y responsabilidad ante un trabajo que se había dejado hacía más de
ocho días. También dice que faltó interés del grupo por mostrar algo
interesante, y que en la universidad no
se podía llegar con la excusa de
presentar las cosas después de la
fecha indicada. Con este grupo notamos con mi compañera que la profesora quedó
decepcionada.
El segundo grupo está
conformado por cuatro estudiantes, tres mujeres y un hombre. Ellos llevan una
cartelera y la pegan en el tablero. Además anotan con un marcador los nombres
de algunos autores y dejan los espacios para pegar imágenes impresas. La
primera estudiante habla segura. No lee y todo parece de memoria; además, su
voz se escucha clara. La segunda estudiante tampoco lee, aunque muestra menos
seguridad. La tercera estudiante, lee un poco. Su tono de voz es bajo, habla
sin propiedad, y por su postura, podría asegurar que no le interesa lo que está
diciendo. En ese momento se produce una pausa en la exposición debido a que la
profesora les ordena salir a dos alumnas que estaban haciéndose trenzas en
mitad de la exposición. Cabe señalar que una de ellas es la que se sentía “enferma” del primer grupo.
Después de esta interrupción continúa el tercer estudiante, que tampoco lee y
suena seguro. Además, él es que copia los nombres de los autores con letra
legible. Mientras él empieza a pegar los retratos de los autores, la primera
estudiante se encarga de hacer un resumen de todo lo que se habló en la
exposición. Y lo que más me gustó fue que se atrevió a preguntar: “¿Tienen
preguntas?”, mientras que las otras compañeras del grupo mostraban
desinterés y hablaban entre ellas. Otro
elemento que me gustó de este grupo fue la creatividad, puesto que para los
autores que no encontraron imagen les pusieron
un dibujo echo por ellos mismos. Lastimosamente un joven de la parte de
atrás mostró irrespeto desde que inicio el grupo. Este personaje silbaba, se
burlaba, hablaba, y hasta pedía que lo sacaran con las compañeras de la “peluquería”.
Y finalmente, los
alumnos que exponen a un autor. El primero expone a Gustavo Adolfo Bécquer. Lo
hace con voz nerviosa. Y sí parece que él mismo hizo la cartelera puesto que
tiene la letra muy pequeña y desde atrás no se alcanza a leer. Luego, la
profesora les habla sobre los nervios que se sienten al estar frente a un
auditorio y les pide respeto a los demás. No ha terminado de decir esto
cuando suena el timbre y los alumnos se
levantan sin reparar si la profesora ya acabó.
Cuando vuelven del
descanso sigue la segunda expositora, quien habla sobre Leandro Fernández de
Moratín, al principio parece que sabe algunas cosas de memoria, pero cuando
olvida otras recurre al celular. Ya que no hizo cartelera ni tiene memo-fichas o algo parecido.
A la tercera expositora
le corresponde hablar sobre Gaspar Melchor de Jovellanos. Expone cosas muy superficiales y no dura más
de 5 minutos.
A la cuarta expositora le corresponde Benito
Pérez Galdós. Esta alumna lee todo lo que dicen las fotocopias que tiene en las
manos, y algunas palabras las lee mal.
Además no mira en ningún momento al auditorio.
Después de las
exposiciones la profesora le pide a Sergio que le ayude a copiar las biografías
de los autores de las exposiciones.
Sergio con mucha disposición lo realiza. Algunos copian, otros no. Y en estos momentos es cuando la profesora no aguanta más la indisciplina de
dos estudiantes y los hace firmar el
observador por: “no trabajar en clase de español”. Hoy pudimos notar la falta de interés y de
respeto por el trabajo de la profesora Janeth y de los mismos alumnos. Aunque
la profesora les ofreció el Video Beam ninguno lo pidió. Muchos leyeron. Otros
ignoraron al auditorio. Otros mostraron indiferencia, etc. Y a final de cuentas,
de las exposiciones no quedó una buena experiencia para ellos mismos.
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