miércoles, 21 de octubre de 2015

Diario de campo (Luisa Beltrán)

Septiembre 1 de 2015

Hoy es nuestro primer día y los  nervios están latentes.  Con mi compañera entramos un poco tímidas y esperamos a que la profesora nos dé la palabra con los estudiantes. Seguidamente  nos presentamos mientras ellos nos miran y escuchan con atención. Los muchachos nos reciben bien y  en la parte de atrás nos desocupan dos  sillas para que, mi compañera y yo, nos sentemos.  Luego de estar ubicadas, la profesora  Janeth empieza  a hablar sobre las notas finales del periodo y los que van perdiendo la materia. No obstante, los estudiantes siguen hablando  y muy pocos les prestan atención. Después señala que solo 3  estudiantes pasaron la evaluación sobre “el siglo de oro” y los llama para entregarles la nota. Mientras tanto los demás deben repasar porque la profesora les hará  una pequeña prueba de recuperación. Pero lo que menos hacen es estudiar, muchos tienen los celulares afuera, otros venden dulces, hablan duro, etc. Cuando inicia la recuperación la profesora Janeth se nos acerca y nos da una hoja con la prueba que les hizo a los estudiantes; allí pregunta sobre el culteranismo, Luis de Góngora, La  fábula de Polifemo y Galatea, el concilio de Trento, etc.  Seguidamente, dice que la máxima nota de la recuperación será 3.8. Después de 6 o 7 minutos, la profesora Janeth los hace levantar las manos  para estirar  y  para que no sigan escribiendo más en la prueba.

Luego, la profesora reparte una guía con un comentario crítico acerca de una película. El texto se titula: “No quieren morir, pero matan” de William Ospina.  Como contexto la profesora solo menciona que el autor es “un escritor muy importante en Colombia” pero no agrega otras obras o su opinión sobre alguna que haya leído.


Septiembre 3 y 4 de 2015 NO tenemos clase


Septiembre 10 de 2015

Antes de empezar esta clase esperamos que la profesora retome el texto de Ospina y compartan las percepciones y las actividades que desarrollaron con el texto. Pero esto no sucede y el texto queda en el olvido de los estudiantes. En este día, la profesora, como usualmente hace, llega a tomar lista. Pero los estudiantes no están en su sitio, hablan, etc. La actitud de ellos es, en parte, irrespetuosa, pues ella llega a proponer  una actividad sobre qué hacer  para celebrar el día del amor y la amistad, pero los  muchachos hablan y no dejan oír su voz. Otros quieren opinar, pero no faltan lo que se burlan y los achantan en público. Después de esto la profesora recalca el mejoramiento de algunos estudiantes en el periodo y se dispone a dejar los temas del siguiente. Entre ellos se destaca: El romanticismo y realismo españoles (contexto, temas,  transición), la generación del 98 y generación del 27 (movimiento, contexto,  figuras, autores),  la conversación (estructura y reglas), Uso de la g y la j, y finalmente, lectura comprensiva de diversos tipos de texto. Luego, la profesora les pide que para la próxima clase lleven el diccionario, ante esto un estudiante, que hoy reconozco como Kevin, con tedio dice: “mañana diccionario  y sesenta preguntas”. La  pregunta que surge en mí es ¿Por qué les aburre tanto la clase? ¿Por qué no les anima aprender?

Para finalizar esta clase breve, la profesora  también les dicta los indicadores  de logro. Entre ellos se destaca: Reconoce las partes de una conversación, lee comprensivamente diversos tipos de texto, analiza las particularidades del romanticismo en España, etcétera.


Septiembre 11 de 2015

Después de tomar lista, como es lo habitual, la profesora  empieza a escribir unas indicaciones  en el tablero para un quiz mientras hace una llamada por celular. Cabe señalar que ella no les dice a los estudiantes nada sobre sacar el celular en clase. Ahora bien, el quiz resulta ser un dictado de 30 palabras  en donde se trabaja el uso de la h.  Después, la profesora Janeth escoge a un estudiante diferente para que escriba la palabra de forma correcta en el tablero. Mientras esto sucede algunos estudiantes se burlan de los que pasan y escriben mal la palabra que les corresponde.

Luego, entrega una guía y los pone a copiar  la actividad “Trabaja” en el cuaderno y a desarrollarla. La segunda parte de la guía es “Exprésate” y esta la deben entregar resuelta el martes. Esta última actividad consiste en escribir un poema que contenga 10 palabras con  h,  sobre uno de los siguientes temas como: mentirosa, agujeros negros,  he pasado toda la noche sin dormir, y secretos. El resto de la clase la profesora la deja en el trabajo del poema. Pero la mayoría no aprovecha este momento. Veo niñas maquillándose los ojos, otros tirándose papeles, otros dándose golpes, y más.  Al finalizar, la actividad de “trabaja” no se revisa ni se socializa.


Septiembre 15 de  2015

La profesora Janeth llega con malas noticias sobre las notas. Afirma que del curso de décimo el 48% va perdiendo la materia (hasta el tercer periodo), que “las lágrimas son en noviembre”; y aclara que por inasistencia también se puede perder la materia. Mientras la profesora habla, algunos estudiantes en la parte de atrás siguen hablando en voz baja. Después de cobras los $6000 para el compartir de Amor y Amistad, la profesora les pide la actividad pasada sobre escribir un poema. La mayoría no lo trae, así que ella propone que lo hagan en clase pero ellos responden al unísono: ¡Nooooo! Después escucho que uno de los estudiantes de atrás dice: “No me nace escribir”.  Luego de un tiempo considerable, algunos entregan el poema, otros revisan en internet y otros le copian al compañero su trabajo.

Seguidamente, la profesora les entrega un taller sobre “El uso de la g y la j” y se sale del salón. Cuando paso la vista por encima noto que ninguno hace el trabajo, más bien  se desordenan,  y hablan. Un grupo de niñas llama mi atención (aproximadamente 6) que se hacen en círculo y son lo más parecido a un  un centro de belleza donde peinan y maquillan a una de ellas, entre risas y consejos por parte de las otras.  Cuando  salimos de clase encontramos a la profesora Janeth resolviendo algunas dudas de algunos   compañeros nuestros  de Práctica I,

Septiembre 17 de 2015

Como algo rutinario en el inicio de clase, la profesora toma lista de todos los estudiantes.

Luego, pide silencio  a los estudiantes que aún hacen ruido en la parte de atrás y acto seguido inicia con la lectura del texto  titulado:  “El oscuro viaje de la depresión”. Mientras lo hace se pasea por el  salón sopesando la atención y la respuesta de los estudiantes ante lo leído. Este texto está relacionado con el uso de la g y la j.  Después de terminar la lectura, la profesora les  señala que la actividad a realizar es inventar un testimonio como el de Mónica (la joven que escribió el texto). Para lo anterior le da unas pautas como: el texto debe ir en primera persona, quién va a ser el protagonista y porqué lo escogió, cuáles son las vivencias que quiere relatar, qué mensaje quiere entregar, y que hagan uso de palabras que empiecen por g y j. Después, la profesora Janeth señala con seriedad que el texto lo recoge al finalizar la clase, a lo que todos responden con un: ¡Nooooo! esperando de seguro que esta clase se pase rápido y que no deban escribir, pues les aburre.

Se supone que en esta actividad los estudiantes deben estar en silencio pensando  en las pautas y en el mismo texto que quieren crear.  Pero algunos siguen hablando con el compañero del lado. La profesora nota este detalle y se levanta a revisar si los estudiantes están en el puesto correcto. Cambia a algunos y les recuerda que ya deben estar en el proceso de escritura. A  diferencia de otros muchachos, noto que uno, Kevin, es de los pocos sí está concentrado escribiendo. No obstante, eso no dura mucho porque llega otro compañero (al que ya he notado copiando las actividades de otros) y empieza a distraerlo y a leer sobre su hombro sin que este lo note. 

En la parte del frente se levanta Sergio, uno de los primeros que termina su texto. En su cara se ve la expectativa  y emoción  porque quiere que la profesora lo lea… Pero ella lo guarda y él se va despacio para su silla. Por lo que he notado, él es de los pocos que muestra interés porque se muestre o comparta su trabajo ante los demás, pero parece que la profesora no lo nota o no lo toma en serio.

Vuelvo la vista a la parte de atrás del salón y observo a dos jovencitas que están súper entretenidas con un celular. Ninguna escribe. No les interesa escribir ni  la clase. Pero,  con mi compañera Daniela pensamos: ¿Por qué son tan pocos los que muestran un mínimo interés en esta actividad que pone en funcionamiento su creatividad, su forma de ver la vida y el proceso activo de   lograr plasmarla  en un papel? Esperamos que esto cambie con los resultados de las pruebas y las entrevistas; aunque, en parte, sabemos que aquellas solo van a confirmar lo que ya hemos notado en la  observación de este curso: a la  mayoría no le interesa leer ni escribir.

Al final suena el timbre. Los chicos salen entusiasmados entre gritos y risas ante el plazo que les da la profesora de entregar el texto durante el descanso.

Septiembre 18 de 2015  Celebración  del día del  amor y  la amistad.
Septiembre 22 de 2015 Izada de bandera.

Septiembre 24 de 2015

La clase inicia con la habitual toma de lista. Seguido a esto la profesora les pide que saquen una hoja y la marquen para un dictado. Ante la petición de la profesora, los estudiantes que no tiene una hoja empiezan el griterío a otros compañeros para que les regalen una. En el dictado, que la profesora hace despacio y con buena acentuación,  se encuentran palabras que prueba la capacidad de los estudiantes en diferenciar cuando deben usas la g, la j,  y  la h. Después lo recoge porque ella lo revisará después.

Luego, les pide que formen parejas para hacer la lectura de la guía   Romanticismo, ilustración y realismo. Allí deben leer e interpretar lo leído. Aunque ya repartieron la fotocopia, muchos estudiantes se encuentran haciendo otras cosas, como: rayar los pupitres, echarse aire con la guía, hablar de programas televisivos  y de  las notas del boletín.  Después, dos o tres estudiantes llegar y forman el desorden en   la parte trasera del salón. Uno de ellos pone a sonar un pequeño bafle y los otros hablan sobre el plan de ir a piscina en esa semana.  Lo que más me consterna es que uno de los estudiantes que llegó tarde, al sonar el timbre, exclama: “Menos mal se acabó la clase”. Es decir, no hizo nada, llegó tarde y todavía se alegra de eso.

Septiembre 25 de 2015

En esta clase se retoma la guía de la clase pasada. Hoy parece que el salón está más tranquilo y silencioso debido a que faltan algunos estudiantes que no pudieron entrar a clase porque no llevaron a su acudiente. No obstante, un grupo de cinco  estudiantes, en la parte de atrás, esconden el morral de un compañero entre risas y ruido. Uno de ellos cae en cuenta de que mi compañera y yo los observamos fijamente y en tono de broma dice: “ellas  son las que están observando, recuerda que  ellas escriben todo”. 
 
Al final de la clase la profesora  les dice que  recogerá los cuadernos para revisar que sí  han copiado  la guía. Algunos le entregan hojas sueltas pero ella no las acepta, otros empiezan a copiar a toda prisa lo que no hicieron durante la clase. Luego, la profesora  pide dos parejas para hacer una exposición sobre la guía, pero nadie se anima y el salón se desordena.

Septiembre 29 de 2015

La  clase comienza con la toma de lista. Seguidamente, la profesora les pide que  formen las parejas de la clase pasada y continúen con la transcripción de la fotocopia. Una jovencita de atrás pregunta con cierta sorna: “Yo no sé para qué nos sirve esto” y sigue transcribiendo la guía, aburrida.  Debo admitir que una clase en la que toque copiar es bastante tranquila.  No hay creación de nada. Pero en la clase de Español debería haber algo más, de eso estoy segura.

Mientras los alumnos “copian” la guía, la profesora anuncia que el próximo jueves se hará un cuestionario sobre la guía y que el viernes algunos chicos expondrán lo principal sobre esta. Ya en la parte de atrás es diferente, puesto que algunos muchachos tienen un “negocio” de lapiceros, fomentando así el ruido y la falta de atención de los demás compañeros. Además, la profesora les ofrece el video beam por si lo necesitan para las exposiciones. Debo admitir que ese detalle me gustó. Pero también me puso a pensar quiénes se animarían a pedirlo y hacer un gran trabajo. Eso lo sabríamos después.

Como fueron pocos los estudiantes que decidieron exponer la próxima clase, la profesora ofreció dar una buena nota a quien se animara,  y que no era obligatorio. Ante esto algunos se animan a hacerlo.

El salón debería estar en silencio  porque la actividad de transcribir la fotocopia  no requiere hablar. Pero aquí es todo lo contrario. Las risas y las bromas no disminuyen. Algunos ni siquiera tienen cuaderno  de Español y por lo tanto no copian.  Otros juegan a esconderse lo útiles.

Cerca de finalizar la clase, la profesora  se nos acerca y nos deja observar  un dictado  realizado a un joven de décimo. Allí encontramos: confusión en el uso de la d y la b (“Abjuntar”, “probujimos”), fallas en la acentuación (“recojér”,  “téjer”,  “huevó”), confusión en el uso de la j y la g (“jeneración”, “jenocidio”). Mi compañera y yo quedamos frías ante el panorama que nos espera porque un estudiante en este grado ya debería tener claro cómo acentuar, como diferenciar el sonido de la b, la d, la j y la g; entre otras cosas.

Octubre 1 de 2015 Eucaristía (No hubo clase)

Octubre 2 de 2015

Hoy llegamos al salón y vemos que algunos alumnos están paseándose por toda la institución con  las carteleras de la exposición. Al entrar la profesora les recuerda a todos el respeto que deben mostrar cuando los expositores estén frente a ellos.  Y así da paso a los primeros expositores.

El primer grupo está conformado por cuatro estudiantes, tres hombres y  una mujer. Uno de ellos copia en el tablero: “Ilustración, romanticismo, realismo”. El primero en hablar lo hace de una forma segura. Señala que va a leer un fragmento y luego explicará lo leído; cabe  resaltar que hace uso de conectores en su explicación.  La siguiente en pasar era la única mujer del grupo, pero de forma irrespetuosa le hizo saber a la profesora que ella no iba pasar porque estaba enferma, y aunque los compañeros le pidieron que pasara, ella se negó.  El tercero se limita a leer lo que tiene en el cuaderno y en ningún momento mira al auditorio. Y el último estudiante, también lee todo pero mira más al público que el anterior.

La profesora hace su apreciación cuando se acaba la exposición. Ella señala que se notó la falta de compromiso y responsabilidad ante un trabajo que se había dejado hacía más de ocho días. También dice que faltó interés del grupo por mostrar algo interesante, y que en la universidad  no se podía llegar con la excusa de  presentar  las cosas después de la fecha indicada. Con este grupo notamos con mi compañera que la profesora quedó decepcionada.

El segundo grupo está conformado por cuatro estudiantes, tres mujeres y un hombre. Ellos llevan una cartelera y la pegan en el tablero. Además anotan con un marcador los nombres de algunos autores y dejan los espacios para pegar imágenes impresas. La primera estudiante habla segura. No lee y todo parece de memoria; además, su voz se escucha clara. La segunda estudiante tampoco lee, aunque muestra menos seguridad. La tercera estudiante, lee un poco. Su tono de voz es bajo, habla sin propiedad, y por su postura, podría asegurar que no le interesa lo que está diciendo. En ese momento se produce una pausa en la exposición debido a que la profesora les ordena salir a dos alumnas que estaban haciéndose trenzas en mitad de la exposición. Cabe señalar que una de ellas es la  que se sentía “enferma” del primer grupo. Después de esta interrupción continúa el tercer estudiante, que tampoco lee y suena seguro. Además, él es que copia los nombres de los autores con letra legible. Mientras él empieza a pegar los retratos de los autores, la primera estudiante se encarga de hacer un resumen de todo lo que se habló en la exposición. Y lo que más me gustó fue que se atrevió a preguntar: “¿Tienen preguntas?”, mientras que las otras compañeras del grupo mostraban desinterés  y hablaban entre ellas. Otro elemento que me gustó de este grupo fue la creatividad, puesto que para los autores que no encontraron imagen les pusieron  un dibujo echo por ellos mismos. Lastimosamente un joven de la parte de atrás mostró irrespeto desde que inicio el grupo. Este personaje silbaba, se burlaba, hablaba, y hasta pedía que lo sacaran con las compañeras de la “peluquería”.

Y finalmente, los alumnos que exponen a un autor. El primero expone a Gustavo Adolfo Bécquer. Lo hace con voz nerviosa. Y sí parece que él mismo hizo la cartelera puesto que tiene la letra muy pequeña y desde atrás no se alcanza a leer. Luego, la profesora les habla sobre los nervios que se sienten al estar frente a un auditorio y les pide respeto a los demás. No ha terminado de decir esto cuando  suena el timbre y los alumnos se levantan sin reparar si la profesora ya acabó.

Cuando vuelven del descanso sigue la segunda expositora, quien habla sobre Leandro Fernández de Moratín, al principio parece que sabe algunas cosas de memoria, pero cuando olvida otras recurre al celular. Ya que no hizo cartelera ni tiene memo-fichas  o algo parecido.

A la tercera expositora le corresponde hablar sobre Gaspar Melchor de Jovellanos. Expone cosas muy superficiales y no dura más de 5 minutos.

A  la cuarta expositora le corresponde Benito Pérez Galdós. Esta alumna lee todo lo que dicen las fotocopias que tiene en las manos, y algunas palabras  las lee mal. Además no mira en ningún momento al auditorio.

Después de las exposiciones la profesora le pide a Sergio que le ayude a copiar las biografías de los autores  de las exposiciones. Sergio con mucha disposición lo realiza. Algunos copian, otros no.  Y en estos momentos es cuando  la profesora no aguanta más la indisciplina de dos estudiantes  y los hace firmar el observador por: “no trabajar en clase de español”.  Hoy pudimos notar la falta de interés y de respeto por el trabajo de la profesora Janeth y de los mismos alumnos. Aunque la profesora les ofreció el Video Beam ninguno lo pidió. Muchos leyeron. Otros ignoraron al auditorio. Otros mostraron indiferencia, etc. Y a final de cuentas, de las exposiciones no quedó una buena experiencia para ellos mismos.

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